Ayer fue un día importante para mi familia, cada 14 de octubre celebramos el cumpleaños de
nuestra matriarca, nuestra querida Fortunata o como nosotros la llamamos “mami
Fortu”.
Grandes recuerdos asaltan nuestras mentes, pero particularmente
en la mía todos son recuerdos felices, familia y amistades se daban cita en La
Joya, donde todo se reducía a juegos, música y comida, me siento afortunada por
atesorar memorias adornadas por su cálida presencia, aquella dulce dama de
inigualable fortaleza que con una sonrisa, una mirada te transmitía tanta
seguridad que tenias la certeza de que todo iba a estar bien.
De pequeña solía tomarme en sus brazos y acomodarme en su
regazo, al sentir el cálido abrazo y aquel silbido que era más un soplido,
dando peculiar ritmo a una canción de arrullo, casi al instante caía adormecida
acunada en su pecho.
Cuando esa luz se apago, muchas cosas se apagaron con ella,
hoy ya no está con nosotros, y las cosas cambiaron como cambia todo, pero hay
algo que nunca cambiara, los recuerdos y las enseñanzas que nos dejo siguen
tatuados en nuestras mentes.